tatequieto
Aféresis de estate quieto.
Golpe que se da a alguien, especialmente a un niño.
De pequeño pensaba que los tatequieto se quedarían allí en mi niñez. Entonces conocía sólo un par de ellos. El tatequieto literal, físico y usualmente a modo de palmada o pellizco, que era entregado por mi madre, padre, la tía que vivió en nuestra casa, o por mi abuela con créditos de crianza.
El otro era el tatequieto tácito, reservado para eventos formales y/o públicos, que venía con el lujo de un aviso oral: ¡Daniel! Ven acá, te voy a dar un tatequieto. Éste también tenía una variación más sutil, transmitido por una mirada que entregaba el tatequieto a distancia.
Entonces pensaba que no había más, eran tatequieto claros, sencillos y con el propósito de controlar a un niño inquieto.
De chamo aprendí sobre los tatequieto dolorosos. Un izquierdazo en la mejilla me presentó el tatequieto doloroso corporal. Ver a la niña que me gustaba de la mano de alguien más me enseñó el tatequieto doloroso emocional.
Poco después aprendí que en menos frecuencia también existen tatequieto positivos, uno de los más típicos es el que trae un primer beso, es decir, un tatequieto positivo emocional.
Los tatequieto deportivos son de los más comunes, en mi caso empezaron en sexto grado y terminaron en la universidad. ¿Pertenecen los deportivos a la familia de los dolorosos? Aún no queda muy claro.
Entre los más raros está el tatequieto invertido. Por primera vez lo viví mientras, asomado a la ventana de la sala de partos de una clínica que claramente había sido antes casa familiar, mi papá me señaló como limpiaban y revisaban a algún primo recién nacido por el que esperábamos:
—Pa, ¿por qué el doctor le pegó al bebé?— Pregunté.
—No le pegó, le dió un tatequieto pa que se mueva.— Respondió.
Creo que los peores son los tatequieto violentos. El primero no llegó con las amenazas del tipo que se había encariñado con mi Nokia 5120 nuevecito, sino con el frío del cañón que me puso en las costillas: «Lo material se recupera», me dijo el muy cabrón al robarme. Ese día también aprendí sobre eltatequieto educativo: ¡no saques el teléfono en público, coño!.
Ya de grande conocí los tatequieto colectivos, con decenas de variaciones y escalas. Frecuentes y de escala menor, son los que afectan a dos o tres: A pesar de no estar juntos, tu papá y yo seguiremos queriendo igual a tu hermana y a ti. De escala media, como el que nos trajo aquel temblor de 5.7 en la navidad de 2001. Finalmente, menos frecuentes y a distancia viví varios tatequieto colectivos de escala mayor: desastres naturales, ataques terroristas e inicios de guerras.
De los más curiosos resaltan los tatequieto burocráticos, que varían de impacto e importancia. Llegan por mail o hasta correo postal. De esos recibí muchos. Hace tiempo decidí solo acordarme de los positivos: «Su aplicación de residencia permanente ha sido aprobada».
Como por deporte sigo catalogando los tatequieto: categoría, familia, canal, duración, estilo y fuente. Hay tatequieto inmediatos, prometidos, históricos, cognitivos, instantáneos, artificiales, psicológicos, biológicos, anormales, subnormales, paranormales, etc.
Sin vivirlo, sé de la existencia del tatequieto más definitivo, el más literal y que siempre llega de último, pero a ese no le tengo nombre y tampoco intención de nombrarlo.