dermis

Está ampliamente documentado que ésta nueva capa aparece eventualmente en la gran mayoría de humanos. No existe un consenso sobre su origen, biología o utilidad. Académicos afirman que no proviene de una mutación genética y tampoco tiene origen micótico, viral, bacterial, animal o parasitario. No parece haber correlación entre la ubicación, velocidad de propagación, área de cobertura y el contexto geográfico, económico, social, educativo o cultural de quien la porta. 

Parece propagarse entre la dermis y la epidermis. En su etapa de surgimiento se entreteje y funde de manera inmediata a la dermis, lo que la hace invisible, inseparable y anatómicamente inexistente. 

Conocemos su presencia debido a informes innumerables de sus huéspedes, quienes reportan sentir su manifestación, crecimiento y desarrollo. Muchos resaltan que estímulos externos causan una respuesta sensorial proveniente de esta capa: cambios de temperatura, escozor, desorientación, sedación e inmovilización parcial o total.

Todos los datos sobre este fenómeno son auto-reportados, por lo tanto, datos inverificables e incomparables, dificultando así la clasificación y estudio formal de este supuesto órgano intangible. Sin embargo, su alta prevalencia hace que su existencia sea indudable:


Paciente B2512

La mía apareció un 14 de Octubre. Tenía 26. En unos pocos días creció desde mis hombros hacia la espalda y eventualmente rodeó mi pecho. Al principio fue difícil, durante meses me mantuvo tibio y sedado. Pasé mucho tiempo atrapado, atontado y estrujado por una camisa de fuerza febril que afectaba mis sentidos. Mi visión perdió el color, y mis papilas su función. Un día creció hacia mis piernas y nunca paró. Pensé que lo peor había pasado hasta que una noche me sacó de un sueño profundo pinchando cada milímetro que cubría, me desperté sintiendo que caía en un pozo interminable de espinas que se hincaban en mí sin darme el alivio de clavarse y ya dejarme descansar. Después de unos meses los pinchazos disminuyeron, nunca bajaron de intensidad, pero no se sentían ya en todo mi cuerpo. Eventualmente dejaron de ser constantes y ahora, siete años después, aparecen sólo de vez en cuando, sin aviso ni calendario, en un área muy reducida, pero con la misma intensidad que la primera vez. Ya me acostumbré. Siempre me sorprende, pero ahora puedo recibir pinchazos y ya nadie a mi alrededor parece notarlo.

Paciente L54861

Un Diciembre salió en mis pies hasta cubrirlos, apenas la siento, no duele ni pica. Algunas veces, mientras camino, inmoviliza mis pies por un segundo, como tratando de tropezarme, y a veces lo logra. Si no fuera por eso, olvidaría que existe. Mi padre no corrió con la misma suerte, el día que nací apareció tras su cuello y creció rápidamente, era muy agresiva. En unos días lo rodeó hasta cubrir todo su cuerpo, desde sus dedos hasta la punta de sus párpados. Como un parásito lo envolvió y lo consumió.  Me cuentan que era un tipo fuerte, pero tras unas semanas del primer brote ya esa piel lo dominaba y controlaba como una marioneta. Al cabo de un mes mi papá se fue a la cama y de allí no lo dejó levantarse nunca más. 

Paciente H7812

La sentí por primera vez en 2015, me cubre por completo. Los primeros años fueron una pesadilla que pretendo olvidar. Desde hace un par de años siento que empezamos a hacer las paces, ya no me irrita, trata de controlarme ni me ancla a la cama. Ahora me acompaña, en los días fríos me da calor. Al caminar, me detiene frente a las orquídeas, me acaricia mientras leo y me abraza si escucho algún bolero de Manzanero o un monólogo de Cabral. Si no la siento, la extraño, y si la extraño viene, y si viene me acompaña y eso.

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de efe