días que no

—¿Qué pasa? 

—¿Qué?

—La ensalada ¿Ya no tienes hambre?

—¿Qué?

—La ensalada, que no dejas de verla.

—No, nada. Es que hoy no emulsionó. 

—¿El aderezo?

—No, hoy. El día. Hay días que emulsionan y días que no. Hoy es un día que no emulsionó. 

— ¿Y ayer?

—Tampoco. 

—¿Qué ha cambiado?

—Nada. Es lo que me preocupa. No ha cambiado nada. Tienen lo mismo ¿Por qué algunos se sienten bien y otros tan mal? Cortados, separados, desencajados. 

— ¿Lo mismo?

— Si. Los mismos ingredientes. 

— A ver. 

— Un café tempranero y aguado, una ducha, un poco de ejercicio, media hora de tren de ida con apuro compartido. Ocho horas de correos, rostros y pantalla fingiendo interés. Media hora de tren de vuelta, con cansancio compartido, cena y sueño. Los mismos ingredientes ayer y hoy. Los mismos mensajes sin contestar, viajes por planear, la misma lista de pendientes gritando desde mi libreta. 

Si el día emulsiona, el café despierta, los rostros parecen no fingir y la lista sonríe liviana. Si el día no emulsiona, el primer café sabe ácido y nada sabe más, las pantallas envuelven y la lista de pendientes llora de decepción. 

—Ya, pero si el día no pensaba cortarse, preocúpate lo suficiente y terminará haciéndolo.

—Ja.
—Quizás lo piensas demasiado. Quizás son sólo un par de días cabrones, hay días que no emulsionan, pero son mejor que los días cabrones. 

—¿Días cabrones?
—Claro. Estos que llegan de a dos y a joderte. Te despiertan temprano pero te hacen llegar tarde, te vacían la nevera, esconden las llaves, te matan las plantas, y se van. Quizá es sólo eso. 

—Ya, quizás. Pero ya van dos semanas. Me preocupa. Empiezo a olvidar lo que se siente estar entero. 

—...

—¿Y si no es el día lo que no emulsiona? 

— ¿Cómo así?

—¿Si no es el día lo que no emulsiona, sino tú? 

—Ya, lo he pensado. Pero pasa lo mismo, ¿no? También tengo los mismos ingredientes día a día y aún así algunos días emulsiono y otros no. 

—Quizás funciona así, quizás lo normal sea estar así. 

—¿Así cómo?

—Separado, cortado. Quizás lo raro es que, de vez en cuando, todo aguante junto un rato. Como un ciclo.

—Por eso. 

—¿Por eso qué? ¿Si esa es la normalidad entonces qué te preocupa? 

—Que si es un ciclo es uno de mierda, porque la parte en la que te sientes entero dura muy poco. Que si es un ciclo, una mierda, porque no puedo hacer más que esperar. Que si la normalidad es estar cortado, prefiero que lo que no emulsione sea el día. 

—Porque viene otro mañana. 

—Anjá. 

—Ya, mejor que sea el día y no tú lo que no emulsione. 

—¿Y si un buen día ya se estaba rompiendo sin que lo viera? A veces las mezclas parecen homogéneas mientras se están separando. 

—Mejor aún, prefiero que sea el día y no tú lo que no emulsione, si tú estás cortado, mejor verlo. 

—Ya. Creo que mañana lo dejaré tranquilo. 

—¿Cómo? 

—El día. Le dejaré los mismos ingredientes pero lo dejaré quieto. Después del café voy a dejar el día en la mesa y ya, a esperar.
—¿A qué emulsione? 

—O a ver cómo se corta. 

—Bien, pero primero termina la ensalada.  

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